Feynman, un niño en la Física

Conmemorar los aniversarios de muerte de una persona es ciertamente algo extraño para nuestra sociedad occidental, pero seguramente es una costumbre alimentada principalmente por el hecho que hasta el siglo pasado era muy común desconocer la fecha de nacimiento de cualquier personaje, incluso de uno mismo, o por lo menos saberla con certeza y la de muerte era grabada por la sociedad sólo si esta persona tenía cierto nivel de fama. Así durante el año es más común recordar muertes que nacimientos de personajes famosos.

Aunque quisiera salirme de este esquema y recordar a uno de los papás de la ciencia moderna, Galileo Galilei, cuyo aniversario de nacimiento la naturaleza recordó de una manera dramática con la caída de fragmentos de meteorito en la zona de los Urales en Rusia, por falta de tiempo y medios me apego a lo hecho por la gran mayoría y recordaré al genial Richard Feynman fallecido justo 424 años luego del nacimiento de Galileo como consecuencia de un cáncer.

Richard Feynman es, dudándolo muy poco,  el personaje más inspirador en la física del siglo pasado. Incluso más que Einstein que siempre cargó encima un estigma de supergenio que necesariamente conllevó a cierto aislamiento. Feynman, por otro lado, siempre se mostró como un niño divertido y preguntón, inquieto, que no ocultaba su pasión por la naturaleza y quien tomaba con felicidad cada reto que esta le mostraba. Eso lo hacía el científico por excelencia y estoy seguro que,  aun más que envidiar sus conocimientos, la mayoría de sus colegas envidiaban la forma como se divertía haciendo lo que los demás también logrando lo que otros no. Era un sujeto que vivió al máximo también tristezas tan grandes como la de su primer matrimonio con una mujer a la cual sabia que no podía siquiera besar por la enfermedad que la acosaba, y quién muriera poco tiempo después del casamiento durante el periodo del proyecto Manhattan.

Aunque se creería que su mayor particularidad estando en el mundo científico formal moderno era que pintaba, tocaba bongoes, con los cuales logró incluso participar en un musical, o que admitía ser asiduo cliente de lugares de Strep-Tease, donde además recibía a sus invitados al Caltech, para mí lo que más lo hacia raro era que tenía la mente de un niño y así mismo se expresaba cuando hablaba de su trabajo, como en particular se evidencia en El placer de descubrir, en video o libro. A mi personalmente cada vez que lo escucho o leo quedo en un estado excitado y comprendo que si por alguna razón hay algo de la naturaleza que me paree aburrido es porque no la he comprendido bien.

Esa pasión lo hizo también famoso como maestro, porque sabia compartir lo que encontraba. Así fue como en algún momento el Instituto de Estudios Avanzados en Princeton, el mismo donde estaría Einstein y muchas de las grandes mentes del siglo pasado, le ofreciera una posición permanente con todos los beneficios para investigar y él la rechazará argumentando que no tendría allí estudiantes. Por internet se puede ver la serie de charlas en la Universidad de Cornell que evidencia su habilidad en el tablero. Algunas de estas se puede conseguir en youtube pero recientemente Microsoft en el proyecto Tuva montó los videos con la posibilidad de tomar apuntes sincronizados con el video, y así mismo seguir otros hechos por expertos. Lamentablemente no funcionan en mi Google Chrome, seguro en Explorer y no sé si en Firefox. La energía que Feynman desplegaba en el “escenario” sólo la he podido comparar con la de una reciente figura ya famosa la física teórica. Me refiero a Nima Arkani-Hamed, uno de los merecedores al premio Milner del año pasado, y que he tenido el placer de ver “actuando” en persona un par veces. Pueden ver presentaciones de él en una charla en la Universidad de Cornell precisamente invitado a la misma serie de coloquios que Feynman dictara décadas atrás. También en las Salam Lectures iniciadas el año pasado por el Abdus Salam ICTP. El tipo es ciertamente un rock-star de la Física contemporánea, no sólo por su fama sino por su show.

El nombre del proyecto Tuva es inspirado en mi documental favorito sobre Feynman, La última travesia de un genio. Este relata cómo desde niño Feynman estuvo intrigado por un pequeñísimo país en medio de la gran Unión Soviética  del cuál nadie sabia nada. Dedicó su vida a encontrar detalles sobre este minúsculo país y se decidió a vivirlo personalmente, misión casi imposible dadas las características geopolíticas de Tuva. A pesar de las dificultades su terquedad logra cosas tan grandes como invitar y organizar una exposición del museo nacional de Tuva. El documental se rueda precisamente en la época en que Feynman espera respuesta a un nuevo pedido de entrar a Tuva y nos muestra cómo él vivía de la misma forma todos los aspectos de su vida, pero que seguramente tomó el camino de la ciencia por ser el que más se acerco a saciar esa sed por conocer el cosmos.

Para terminar les comparto un homenaje divertido y otro que estará en linea sólo por un par de semanas.

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